Rafael "el Gallo", en una de sus andanzas y aventuras, fue a dar con su gitana humanidad a un mísero mesón.
- Otra cosa no habrá en esta casa - dice el mesonero - pero lo que es limpieza...
- Y este bichito, ¿qué es? - inquiere el torero señalando un molesto insecto que destacaba en la albura del embozo.
- No es nada; está muerta.
A la mañana siguiente, el lidiador estaba levantado a las cinco de la mañana y disponíase a descabezar un sueño en un banco cuando el dueño le preguntó:
- ¿Durmió bien? ¿Le picó aquel bichito?
- Miste - replicó el torero - el animalito muerto no m´ha picao; pero, ¡chavo¡, las compañeras c´han venido al entierro me han puesto negro.


- ¿Ve usted a ese señor que pasa por ahí?... Pues lleva cuernos en la barriga.
- ¿Cuernos en la barriga?
Si, se acaba de comer un plato de caracoles.


¿En qué se parece Luis Miguel Dominguín a una casquería?
En que muestra muchos hígados, mucha sangre y muchos riñones.


¿En qué se parece un matador a un cojo?
En que los dos usan muletas.


Al salir a parear a un toro José González "Gonzalito", varios compañeros le pusieron en guardia advirtiéndole que el bicho adelantaba.
Igual advertencia le hizo un aficionado, y al advertirle eso mismo es espada, ya impaciente, el buen banderillero acabó por romper:
- ¡ Pues, home, si adelanta tanto, que lo lleven a un relojero !


Un torerillo fue a pedir al jefe de un hermano suyo que trabajaba en una oficina una recomendación para que le colocaran. El buen señor le facilitó varias cartas rogando le atendieran en sus deseos.
Al cabo de cierto tiempo se encontró el caballero al torerillo, y le preguntó:
- ¿Qué, trabaja usted ya?
- Si señor, de tío-vivo.
- ¿Cómo de tío-vivo?
- Claro. No ve usted que sus amigos, cuando presentaba sus cartas, siempre me decían: Dese usted una vueltecita...


Francisco Soriano, "Maera", regresó de Veracruz después de haber toreado muchas corridas y ganar bastante dinero.
En Madrid se encontró a "Maera", pocos días de regresar éste un sablista al que llamaban "Don Sable" y, haciéndose amigo suyo, le preguntó:
- Bueno, "Maerita", ya sé que has ganao por allá dinero.
- Algo gané.
- Pues yo tengo aquí un negocio iniciao, y estaba esperándote a ti pa ponerlo en marcha. De manera que dame para los primeros gastos tres mil pesetas y...
- No pue ser. Todo el dinero lo he empleao en comprar cosas.
- Amos, anda, no seas así.
- ¿Qué no lo crees? Pues ve a Veracruz y pregunta. Ya verás cómo, allí toas las casas son de "Maera".


- ¿Cuál es el animal que tiene cuatro patas, cuernos y rebuzna?
- ¿...?
- El toro.
- Pero el toro no rebuzna.
- No, eso lo he dicho para despistar.


- ¿En qué se diferencia una prendería de ropa usada, de una corrida de toros?
- En que en la corrida hay lances de capa, y en la prendería capas de lance.


Como es sabido, Lagartijo tenía una nariz de un tamaño bastante regular.
Cierto día charlaba con un amigo por una de las estrechas calles del barrio de Santa Cruz, de Sevilla, cuando acertó a pasar una gitana, que se le quedó contemplando.
Entonces, Lagartijo, con mucha gracia y mientras que con su mano derecha torcía la nariz a un lado, dijo a la gitana:
- ¡ Anda ¡... ¡ Ya puedes pasar ¡


-¿En qué se parece un buen matador a un mal escribiente?
- En que se mojan los dedos.


Se comentaba en una reunión de toreros y señoritas bien la desgracia del picador Andrés Castaño, "Cigarrón", muerto en la plaza de San Sebastián el año 1901 a consecuencia de un colapso.
Otro picador que se hallaba en la reunión escuchando, al oír que la muerte de su compañero había originado el colapso, exclamó:
- ¡ Malditos toros ¡ Hasta con la cola matan.
- No ha sido un colazo, sino un colapso - dijo uno aclarando las entendederas del picador.
- Lo mismo da - sentenció el varilarguero.


En cierta ocasión el Gallo pagó un café con una pieza de dos pesetas.
- Estas dos pesetas son falsas - dijo el camarero devolviéndoselas.
- ¿Las dos? - preguntó el Gallo imperturbable.


El banderillero se dirige al peón, cordobés por cierto, y muy gracioso.
- Oye, Batato, voy al toro, a cambiar. Después, dale tu la vuelta.
- Mira, que si tu le cambias, me parese a mí que er que le tie que dar la vuerta debes sé tú.


En cierta reunión se jugaba a las adivinanzas y todos agudizaban su ingenio. El torero quiso también lucir sus habilidades y tomó parte en el torneo.
- Ahora voy yo. Una cosa que empieza por "me" y acaba por "o", y que está aquí presente.
- Empieza por "me" y acaba por "o" - repetían unos y otros -. Pues no caigo.
- ¿Se dan ustedes por vencidos?
- Desde luego.
- Pero, hombre, si está mas claro que el agua... ¡ Menistro ¡


- ¿En qué se parecen lo ladrones a los toreros?
- En que se reúnen por cuadrillas.


-¿En qué se parece Paco Muñoz a Pilar?
-En que Pilar es mi vecina; vecina es casi igual a bencina; bencina es un quitamanchas; quitamanchas es igual que manchasquita.... Y como "Machaquito" y Paco Muñoz son del oficio...


Cobeña Chico fue un torerillo desgraciado en el arte de Cúchares, pero muy gracioso.
En cierta corrida organizada en un pueblo de Ciudad Real tuvo una tarde muy desafortunada.
Al tratar de pasar la muleta al bicho, éste le dio un golpe. Se levantó Cobeña, rabioso, y se fue al morlaco. Otro golpe. Cobeñita, mas muerto de miedo que de otra cosa, no se levantó más.
Una señorita que estaba entre barreras, empezó a gritar:
-¡Ay, pobrecito¡.... ¡Que le ha dao¡ ¡Que le ha dao algo¡ ¡Que no vuelve en si¡... ¡Que no vuelve¡
Y entonces Cobeña, incorporándose, contestó, muy serio:
- ¡Que he de vorvé, señorita¡...¡Yo no güervo ni con la Guardia Siví¡


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